martes, 3 de noviembre de 2026

Transmutations

 


(Transmutations/Underworld, George Pavlou, 1985)

   Este film, no tan conocido por el público, ocupa un lugar absolutamente singular en la historia del cine de género. Es la primera adaptación cinematográfica de una historia de Clive Barker, antes de que él mismo decidiera ponerse tras las cámaras para dirigir Hellraiser (1987). El resultado es un híbrido tan ambicioso como descarrilado: una colisión frontal entre el neo-noir británico de los años 80, el melodrama de gánsteres y un body horror subterráneo.

   La trama sigue a Roy Bain, un detective privado decadente y cínico que es contratado por un poderoso capo de la mafia londinense, Motherskille, para localizar a una prostituta desaparecida llamada Nicole. A medida que Bain se adentra en los bajos fondos de Londres, descubre que la desaparición está vinculada a uno seres mutantes, desterrados de la superficie.

 Aquí el núcleo conceptual de Barker es inconfundible. La idea de una sociedad grotesca pero moralmente superior que habita bajo el asfalto es el borrador directo de lo que más tarde perfeccionaría en Cabal (Nightbreed, 1990). La mutilación, la obsesión por la carne alterada y la empatía hacia los "monstruos" ya están firmemente sembradas aquí.

   El reparto es una pequeña joya: Denholm Elliott (el entrañable Marcus Brody de Indiana Jones) interpreta a un científico de curiosa moral. A su lado, Steven Berkoff, despliega su habitual sobreactuación teatral como el villano corporativo, aportando una presencia extravagante que encaja de maravilla con la sordidez de la producción. Una joven Miranda Richardson, en un pequeño papel, nos deja con ganas de más.

   La película luce ese barniz estético tan característico del cine británico independiente de mediados de los 80: iluminación con tubos de neón azul y rosa, humo saliendo de las alcantarillas, sintetizadores envolventes y una atmósfera de constante decadencia urbana.

   El gran problema de Transmutations es su crisis de identidad. La dirección de George Pavlou intenta encajar a la fuerza un thriller policíaco convencional dentro de una premisa de horror de ciencia ficción aberrante. La transición entre los tiroteos de gánsteres británicos y los dilemas existenciales de los mutantes resulta brusca y desconcertante.

   Aunque el diseño de maquillaje de las criaturas tiene destellos de ingenio artesanal, las limitaciones financieras pasan factura. Algunos mutantes lucen genuinamente inquietantes, mientras que otros se quedan a medio camino de una máscara de látex barata para Halloween, restándole impacto al drama biológico.

   Sin dudas, no es una película redonda ni mucho menos; su choque de géneros es torpe y su ritmo flaquea en el segundo acto. Sin embargo, su atmósfera de noir subterráneo, su reparto, la belleza de las protagonistas y sus atrevidos conceptos de mutación corporal le otorgan un encanto áspero e innegable.

   Una curiosidad, un borrador imperfecto del universo de Clive Barker, sumergido en alcantarillas de neón y serie B ochentera.




miércoles, 28 de octubre de 2026

El Hombre de la Noche

 



   En el pueblo había una hora que no pertenecía a nadie.

   Era la hora que comenzaba cuando el último reloj de la iglesia daba las tres, por esa razón, los adultos cerraban las ventanas unos minutos antes.

   Los perros dejaban de ladrar, las madres apagaban las luces de las habitaciones y se quedaban unos segundos junto a las camas, contemplando a sus hijos como si quisieran asegurarse de que seguían siendo ellos mismos. Después se marchaban. Y entonces llegaba el Hombre de la Noche…

   Nadie lo había visto entrar jamás. Simplemente aparecía. Caminaba despacio por las calles mojadas, bajo una lluvia que parecía caer únicamente sobre él. Vestía un abrigo negro demasiado largo y llevaba una pequeña caja de madera entre las manos.

   Nunca llamaba a las puertas, nunca miraba hacia las ventanas, pero los niños sabían cuándo había llegado. Lo sabían porque, justo antes de dormirse, escuchaban tres golpes.

   Uno. Dos. Tres. Y después una voz.

   —No tengas miedo.

   Aunque todos sabían que aquello era precisamente lo que debían temer.

   Elsa tenía nueve años cuando lo vio por primera vez. Aquella noche había dejado la ventana abierta. Su madre se había enojado. Le dijo que la cerrara. Elsa obedeció. Pero no completamente. Dejó una rendija. Lo suficiente para mirar. A las tres menos cinco, la calle estaba vacía. A las tres en punto, apareció.

   Primero vio la sombra.  Después los zapatos. Después el abrigo. El Hombre caminaba lentamente por el centro de la calle. La caja descansaba contra su pecho.

   Elsa contuvo la respiración. El Hombre se detuvo frente a su casa, no levantó la cabeza, no miró la ventana, sin embargo, Elsa tuvo la certeza de que sabía que ella estaba allí. Entonces escuchó los tres golpes.

   Uno. Dos. Tres. La caja se abrió.

   Desde su habitación, Elsa no pudo ver qué había dentro, pero escuchó algo. Un sollozo. Muy pequeño.

   Como el de un niño que intenta no despertar a sus padres.

   Elsa retrocedió y el Hombre habló.

   —Todavía lo recuerdas.

   Ella no entendió.

   —¿Qué?

   El Hombre levantó lentamente la cabeza. Por primera vez, Elsa vio su rostro. Era un rostro pálido, casi infantil. Demasiado joven para pertenecer a un hombre, y tenía los ojos de alguien que llevaba muchos años sin dormir.

   —La noche del pozo —dijo.

   Elsa sintió que algo helado le recorría la espalda. Ella no conocía ningún pozo. O eso creía.

   El Hombre cerró la caja. Luego se alejó.

   Al día siguiente, Elsa preguntó a su madre qué había ocurrido en el pueblo aquella noche.

   Su madre dejó de cortar el pan. El cuchillo permaneció suspendido sobre la mesa.

   —¿Qué noche?

   —La del pozo.

   El rostro de su madre cambió. No fue miedo, fue reconocimiento. Un reconocimiento tan profundo que durante unos segundos pareció que había olvidado dónde estaba.    Después sonrió.

   —No existe ningún pozo.

   Elsa miró por la ventana. En el jardín, detrás de los árboles, había algo negro entre la hierba. Una estructura circular de piedra. Su madre siguió su mirada, entonces dejó caer el cuchillo.

   —No vuelvas a mirar allí.

   Esa noche Elsa no durmió. A las tres en punto, volvieron los golpes. Uno. Dos. Tres.

   Pero esta vez no llegaron desde la calle, llegaron desde debajo de su cama.

   Elsa permaneció inmóvil. Escuchó una respiración, después, un susurro.

   —Elsa...

   La voz era la de su madre.

   —Elsa, abre.

   La niña cerró los ojos. La voz volvió a llamarla, pero esta vez ya no era la voz de su madre. Era la voz de un niño.

   —Tengo frío.

   Elsa bajó lentamente de la cama. Se arrodilló. Miró debajo con cuidado. No había nadie. Solo la caja. Pequeña. Negra. Húmeda. La misma que llevaba el Hombre.

   Elsa extendió la mano. Antes de tocarla, escuchó la puerta de su habitación abrirse.

Su madre estaba allí. Descalza. Con el cabello suelto y llorando.

   —No la abras.

   Elsa la miró.

   —¿Qué hay dentro?

   Su madre tardó en responder.

   —Nosotros.

   Aquella fue la primera vez que Elsa vio a su madre verdaderamente asustada, no por ella, no por el Hombre, sino por algo que estaba escondido bajo muchos años. Algo enterrado. Algo que todavía esperaba.

   La madre se acercó y tomó la caja, pero antes de poder cerrarla, una ráfaga de viento atravesó la habitación. Las velas se apagaron. La ventana se abrió de golpe, y desde la calle llegó una canción infantil. Una canción que Elsa conocía. Todos los niños del pueblo la conocían. Pero nadie sabía quién la había inventado.

Su madre comenzó a temblar.

   —Ya volvió.

   Elsa miró hacia la calle. El Hombre estaba allí, pero ahora había otros.

   Decenas. Cientos. Figuras pequeñas permanecían inmóviles bajo la lluvia.

   Eran niños. Todos vestidos de blanco, todos mirando hacia la casa, y entre ellos había uno que Elsa reconoció. Un niño muy pequeño. Descalzo, con el rostro cubierto de barro. Era idéntico al retrato que colgaba en el pasillo de su casa. El retrato de su madre cuando tenía nueve años.

   Elsa volvió la cabeza. Su madre ya no estaba. La habitación estaba vacía. Sólo quedaba la caja sobre el suelo. Y una puerta que no existía antes, una puerta negra al fondo de la habitación.

   Elsa la abrió. Al otro lado estaba el bosque. No el bosque que rodeaba el pueblo. Otro, más antiguo. Los árboles eran enormes y blancos. La luna estaba roja, y en el centro había un pozo. Alrededor del pozo había niños. Todos dormidos y el Hombre de la Noche estaba sentado junto a ellos. Había dejado la caja abierta.

   Elsa se acercó.

   —¿Qué les hiciste?

   El Hombre no respondió. Miró hacia el pozo.

   —Yo no les hice nada.

   —Entonces, ¿por qué están dormidos?

   —Porque recuerdan.

   Elsa miró dentro del pozo. No había agua. Había rostros. Decenas de rostros. Adultos. Hombres. Mujeres. Ancianos. Todos gritando sin emitir sonido. Y entre ellos estaba su madre. Elsa retrocedió.

   —¿Qué pasó aquí?

   El Hombre se levantó. Por primera vez, Elsa vio que sus manos eran pequeñas, manos de niño.

   —Nos dijeron que olvidáramos.

   —¿Quiénes?

   El Hombre señaló el pueblo. Las casas parecían diminutas desde allí, como juguetes.

—Nuestros padres.

   Elsa comprendió entonces.  La leyenda no había nacido para asustar a los niños, había nacido para ocultar algo.

   Una noche, muchos años atrás, los niños del pueblo habían desaparecido. Habían llegado hasta aquel bosque, habían jugado alrededor del pozo. Y algo había ocurrido. Algo que los adultos habían decidido enterrar.

   Los niños regresaron. Pero no todos. Y los que volvieron dejaron una parte de sí mismos en el fondo del pozo. El miedo. La culpa. Los sueños. La memoria.

   El Hombre abrió la caja. Dentro no había nada.

   —¿Entonces para qué sirve?

   El Hombre sonrió.

   —Para que puedan creer que el miedo cabe en algún sitio. Elsa miró nuevamente el pozo. Su madre estaba allí abajo.

   Pero ahora ya no gritaba. Sonreía. Como una niña. El Hombre tomó la mano de Elsa. Estaba fría.

   —Es hora de volver.

   Caminaron juntos hacia el pueblo.

   Cuando llegaron a la primera casa, todas las ventanas estaban iluminadas.

   Los adultos permanecían detrás de los cristales, todos sonreían. Todos parecían niños.

   Elsa buscó a su madre. No la encontró, entonces el Hombre le entregó la caja.

   —Ahora es tuya.

   —¿Qué tengo que hacer?

   El Hombre comenzó a alejarse.

   —Esperar.

   —¿Hasta cuándo?

   Se detuvo. Miró hacia atrás. Y durante un instante Elsa comprendió algo terrible: el Hombre no era el que venía por los niños. El Hombre era el niño que había quedado esperando, esperando que alguien lo recordara.

   Las campanas de la iglesia comenzaron a sonar.

   Una. Dos. Tres.

   Elsa abrió la caja. Estaba vacía. Entonces escuchó tres golpes en la puerta de su casa.

   Uno. Dos. Tres. Y desde el interior, una voz infantil preguntó:

   —¿Mamá?

   Elsa levantó la mirada. Todas las ventanas del pueblo se habían apagado.

   Todas excepto una. La de su habitación. Y detrás del cristal había una niña. Una niña idéntica a ella. Mirándola desde dentro. Sonriendo.

   Elsa comprendió entonces que nunca había salido de aquella habitación.

   Que nunca había seguido al Hombre.

   Que nunca había visto el bosque.

   Que nunca había abierto la caja.

   Porque algunas noches no terminan cuando despertamos. Algunas noches solamente cambian de dueño.

   Y a las tres en punto, cuando el último reloj de la iglesia volvió a sonar, alguien llamó tres veces a la ventana.

   Uno. Dos. Tres. Elsa abrió los ojos y sonrió…


FDL 2026

Derechos reservados

martes, 27 de octubre de 2026

Together

 


(Together, Michael Shanks, aust. 2025)

   Perturbador debut cinematográfico del australiano Michael Shanks, una de las propuestas incómodas del nuevo terror corporal contemporáneo. Tomando una premisa aparentemente sencilla sobre el desgaste conyugal, la película la altera mediante un delirio de horror físico y comedia negra que se ríe de los extremos a los que puede llegar la codependencia afectiva.

   La historia sigue a una pareja interpretada en la vida real y en la ficción por Alison Brie y Dave Franco, quienes deciden abandonar la ciudad para mudarse a una solitaria casa de campo en busca de un nuevo comienzo y de reparar las grietas de su relación. Sin embargo, lo que empieza como una crisis de pareja tradicional da un giro de pesadilla cuando se ven envueltos en un fenómeno sobrenatural y visceral: una fuerza oscura y simbiótica comienza a alterar no solo su entorno, sino a fusionarlos de manera literal y grotesca, convirtiendo su necesidad de estar "juntos para siempre" en una condena de horror corporal ineludible.

   El gran acierto de la película es utilizar la complicidad real entre Alison Brie y Dave Franco. Ambos se entregan por completo al ridículo, al dolor y a la transformación física sin red de seguridad. Su paso de la pasivo-agresividad cotidiana al pánico absoluto funciona con precisión.

   El costado negativo corresponde a su desequilibrio tonal: muchas veces el guion prioriza el impacto visual o el gag grotesco por encima de la consistencia narrativa, dejando algunas subtramas o reglas del fenómeno sobrenatural sin una resolución acertada. Y en ciertos pasajes, la seriedad con la que se aborda la amargura de una relación rota choca de frente con la naturaleza disparatada y caricaturesca del horror fantástico, generando pequeños baches de ritmo en su tramo intermedio, y en su final que no resulta tan satisfactorio.

   Together es un buen debut, ingenioso y visceral, que naufraga en varios momentos, de todas maneras, veremos con expectativa el camino del director.


viernes, 23 de octubre de 2026

martes, 6 de octubre de 2026

El desfile

 


La luna estaba en lo alto cuando el desfile comenzó. Docenas de niños caminaban disfrazados. Fantasmas, esqueletos, zombis, se destacaban en la avenida.

   Una niña caracterizada como la de Terrifer 2 empezó a sobresalir. Torció su cuello, dio unas piruetas estrambóticas y luego se sacudió.

   La gente enloqueció. Todos aplaudieron, aunque más de uno sintió terror.

Una sonrisa siniestra se asomó en su rostro y la situación empeoró cuando de entre sus ropas sacó un par de cuchillas de carnicero.

   Allí la pesadilla se adueñó del Halloween…

 

FDL 2026

Derechos Reservados

viernes, 25 de septiembre de 2026

Profecía diabólica/El mal

 


(The Evil, Gus Trikonis, 1978)

   Esta película es un ejemplo clásico del cine de "casas embrujadas" con tintes sobrenaturales de finales de los 70. La trama es simple: un psicólogo convence a su esposa para que le acompañe a restaurar una casona antigua y en ruinas que él quiere convertir en un centro de rehabilitación para jóvenes. El problema surge cuando descubren que la casa no solo tiene historia, sino que es la puerta física al infierno.

   A diferencia de películas más refinadas de casas encantadas, The Evil es sucia y claustrofóbica. El diseño de la casa es laberíntico, y la película juega muy bien con la idea de que los personajes están atrapados no solo físicamente, sino espiritualmente.

   Si bien es de 1978 y tiene sus limitaciones, hay algunos momentos de horror corporal y trucos visuales que funcionan sorprendentemente bien para la época, especialmente en lo relativo a la transformación del entorno.

   El clímax es pura psicodelia de los 70. Para algunos, es un final memorable y creativo; para otros, es un caos visual que no termina de cerrar todas las tramas que abrió.

   No es una obra maestra del género, pero es disfrutable como pieza de serie B de lujo. Tiene una personalidad propia muy marcada: es oscura, tiene un reparto excelente para su nivel de producción y una premisa que, aunque sencilla, se ejecuta con una convicción que pocas películas de su estilo logran hoy en día.


viernes, 18 de septiembre de 2026

¡Muy pronto la presentación!!


Ya disponible para la venta,




   Eduardo reconoce ahora que, cuando compró la casa, el lugar no gritaba "peligro"; aullaba una advertencia que no quiso ver. El aire mismo alrededor de la fachada parecía vibrar con una hostilidad, una frecuencia que te erizaba los vellos de la nuca. Pero el precio era un insulto para el mercado inmobiliario. Fue una de esas gangas que actúan como un parásito, nublándote el juicio con la promesa de una riqueza fácil. No lo pensó dos veces; se metió de lleno, devorado por la ambición y el deseo de poder pasarla bien, al menos por un tiempo.


(Fragmento)






martes, 15 de septiembre de 2026

Dario Argento: An Eye for Horror (2000)

 


   Dirigido por Leon Ferguson, Dario Argento: An Eye for Horror es un documental que examina la carrera del legendario cineasta italiano Dario Argento, cuya visión única y estilizada ha definido el terror y el giallo. Lejos de las convenciones del mainstream, Argento ha construido una filmografía personal y audaz, marcada por su obsesión con el color, la música y la violencia estética.

   Uno de los aspectos más fascinantes del documental es cómo resalta la independencia creativa de Argento, su compromiso con una mirada propia y su resistencia a las normas comerciales. A lo largo de su trayectoria, ha sido un artista que ha priorizado la expresión sobre la popularidad, lo que le ha valido tanto elogios como críticas.

   Sin embargo, el documental también aborda las controversias en torno a su tratamiento de los personajes femeninos. A lo largo de su obra, ha sido cuestionado por la representación de la mujer, muchas veces envuelta en narrativas violentas o inquietantes. Esta dimensión de su cine sigue generando debate, y el documental no evade esta discusión, sino que la sitúa en el contexto de su estilo y visión artística.

   En definitiva, An Eye for Horror es un análisis revelador de un cineasta que ha dejado una marca imborrable en el cine de terror, ofreciendo una mirada profunda a su legado, su independencia creativa y los debates que su trabajo ha suscitado

Congo

 


(Congo, Frank Marshall, 1995),

   Película de aventuras basada en la novela de Michael Crichton. Aunque en su momento fue recibida con críticas mixtas, sigue siendo un entretenimiento sólido que combina acción, ciencia ficción y una exploración de temas relevantes como la avidez de poder, las telecomunicaciones y la corrupción en países subdesarrollados.

   La historia sigue a un grupo de exploradores que viajan al Congo en busca de una ciudad perdida y un raro diamante azul con aplicaciones tecnológicas avanzadas. En el camino, se enfrentan a desafíos naturales, conflictos humanos y una amenaza inesperada en forma de gorilas agresivos. La película mezcla elementos de thriller tecnológico con la clásica aventura selvática, lo que la convierte en una experiencia entretenida. Puede ser exagerada y fantasiosa, pero muy disfrutable.

  En su elenco se lucen Tim Curry, Ernie Hudson, Laura Linney, Dylan Walsh y Bruce Campbell.

  Ideal para un sábado a la tarde con mate y bizcochos.

 


viernes, 11 de septiembre de 2026

viernes, 4 de septiembre de 2026

La llamada del violín

 


Bajo el azote inclemente de la tormenta, la muchacha alzó su violín con una calma inusitada y caminó hacia el borde mismo de la costa. A sus pies, el mar bramaba con una furia oscura, golpeando los acantilados como una bestia ciega e intimidante.

   Se detuvo, con la mirada perdida en un horizonte donde el cielo y el agua se fundían en una sola negra espesura. El viento sacudía sus cabellos con rabia, sin importarle, comenzó a desgranar una melodía antiquísima, un canto lúgubre y cortante que parecía rasgar el mismo tejido del aire.

   No era música para apaciguar la noche. Era una llamada ancestral, la bienvenida precisa para aquellos que habían dormido demasiado tiempo en el fondo insondable del abismo... y cuyos ojos, por fin, comenzaban a abrirse en la oscuridad.


FDL 2026

jueves, 27 de agosto de 2026

Frutas prohibidas

 


(Forbidden Fruits, Meredith Alloway, 2026),

Basándose en una obra teatral, la película es una particular historia de terror cómico, satírico, con ocultismo suburbano y dinámicas tóxicas. La película camina sobre una delgada línea entre el pop, la moda y algo de caos sangriento.

   Todo ocurre dentro de un centro comercial. Allí, una empleada llamada Apple (Lili Reinhart) dirige en secreto una especie de secta de brujas modernas en el sótano junto a sus compañeras Cherry (Victoria Pedretti) y Fig (Alexandra Shipp). Todo se desestabiliza cuando Pumpkin (Lola Tung), una nueva trabajadora proveniente del puesto de pretzels del patio de comidas, ingresa al grupo y comienza a desafiar la falsa hermandad que estas mujeres han construido, desencadenando una espiral donde los celos se mezclan y todo empieza a desmoronarse.

   El mayor atractivo es su elenco principal y su estética visual, pero su tono irregular que duda entre ser una comedia, un policial o una historia de venganza, hacen que el producto final baje varios puntos. 

   No me convenció.


Corrupción/La cara de la corrupción

 


(Corruption, Robert Hartford-Davis, 1968)

   Una de las propuestas más sórdidas, crueles y olvidadas del cine de terror británico de finales de los sesenta. En una época en la que la Hammer comenzaba a teñir sus monstruos góticos de colores más vivos y a inyectarles altas dosis de sensualidad, Corruption optó por un camino mucho más oscuro, crudo y cercano a un thriller de explotación criminal.

   La trama sigue al prestigioso cirujano plástico Sir John Rowan (Peter Cushing). Durante una sesión fotográfica, su prometida sufre un terrible accidente que le desfigura la mitad del rostro, provocándole un trauma severo que amenaza con destruir la relación. Consumido por la culpa y por una obsesión enfermiza, Rowan se adentra en una espiral criminal: comienza a asesinar a mujeres jóvenes para extraerles las glándulas pituitarias y los tejidos faciales sanos, intentando realizar injertos experimentales que devuelvan la belleza a su amada.

   Sorprende la actuación de Peter Cushing, encarnando a un cirujano desesperado que cae en una depravación moral increíble, aportando una vulnerabilidad trágica y una desesperación creciente que evitan que el personaje se convierta en un simple villano de cartón.

   A diferencia de las producciones más estilizadas de su época, la película no tiene miedo de ser desagradable. El terror aquí no viene de lo sobrenatural, sino de la fría y clínica perversión de la ciencia médica al servicio de la locura y el egoísmo. La película toma demasiados elementos de Los ojos sin rostro (Les yeux sans visage, 1960) de Georges Franju, replicando la premisa del doctor obsesionado con los injertos faciales y el martirio de las jóvenes víctimas.

   Corruption no es una película perfecta, y su violencia explícita para los estándares del año en que se estrenó le valió en su momento críticas feroces. Lamentablemente, la irrupción de ciertos personajes y de añadir complicaciones a la pareja principal, ocasionan un giro no muy afortunado en la trama, llegando a un final estrambótico, alejado de lo que se veía en pantalla.

   Infaltable para seguidores de Cushing y del terror de otra época.


viernes, 14 de agosto de 2026

Inmaculada

 


(Immaculate, Michael Mohan, 2024)

Inmaculada es la prueba de que Sydney Sweeney no es solo una de las chicas del momento, sino una actriz a tener en cuenta. No solo protagoniza este descenso a los infiernos, sino que también la produce, rescatando un guion que audicionó años atrás y que se sentía perdido.

   Dirigida por Michael Mohan, la película nos transporta a un convento italiano que parece sacado de una pesadilla gótica clásica. Aunque empieza como una historia de terror religioso convencional, termina convirtiéndose en algo mucho más perturbador.

   Cecilia (Sydney Sweeney), una joven novicia estadounidense con una fe inquebrantable, viaja a un remoto y hermoso convento en la campiña italiana. Lo que comienza como una cálida bienvenida por parte del Padre Sal Tedeschi (Álvaro Morte) se torna oscuro cuando Cecilia descubre que está embarazada de forma "milagrosa". Mientras el convento la venera como la nueva Virgen María, ella empieza a sospechar que el origen de su gestación no es divino, sino algo mucho más siniestro y terrenal.  

   Inmaculada es una película que sabe lo que es. No intenta reinventar el cine de terror religioso, pero sí lo empuja hacia límites más violentos y explícitos de lo que estamos acostumbrados en el cine comercial actual.

   Interesante propuesta para los fans del terror que buscan algo más que sombras en la oscuridad. Una película valiente que se apoya totalmente en una protagonista entregada al cien por ciento.


Y se viene una nueva antología...

 El terror viene en paquete chico...





martes, 11 de agosto de 2026

Dry The Rain---Secar la lluvia

 


Se está haciendo más frío

Y cada día más oscuro

Y todas las flores de color rojo sangre

giran lentamente al gris.

 

Necesitamos un poco de viento

Para soplar las nubes de distancia

necesitamos un sol para secar la lluvia

Tenemos que romper la cadena de ayer

Necesitamos una tormenta para matar el dolor.

 

No me acuerdo

Nada más que un acorde menor

Todavía hay algunas brasas

De que el fuego te adoraba.

 

Necesitamos un poco de viento

Para soplar las nubes de distancia

necesitamos un sol para secar la lluvia

Tenemos que romper la cadena de ayer

Necesitamos una tormenta para matar el dolor

 

Necesitamos un poco de viento

Para soplar las nubes de distancia

Lo necesitamos hoy en día

Lo necesitamos hoy en día

Necesitamos un sol

Para secar la lluvia

Para matar el dolor

 

Y cuando los truenos abran el infierno

Caminando por el borde del adiós

Te cortaría la mano para no soltarte jamás

Es este el final, el clímax del show?

 

Necesitamos un poco de viento

Para soplar las nubes de distancia

Lo necesitamos hoy en día

Lo necesitamos hoy en día

Necesitamos un sol

Para secar la lluvia

Para matar el dolor

Para matar el dolor

 

                                                               Lord of the Lost

La Carne del Abismo

 


El ídolo de obsidiana palpitaba en la penumbra del sótano. No era piedra, sino carne comprimida por eones de abismo. Al rozar su superficie, mis dedos se fundieron con la negrura viscosa. Ya no distinguía dónde terminaba mi piel y dónde comenzaba la blasfemia. Escuché el llamado de los antiguos, un susurro que devoró mi cordura mientras el mundo se desmoronaba.


lunes, 10 de agosto de 2026

Zardoz


 

(Zardoz, John Boorman, 1974)

   Una de las cumbres de la ciencia ficción lisérgica, ambiciosa y absolutamente desquiciada de los años 70. Es una película que desafía cualquier intento de clasificación racional: un cruce bizarro entre filosofía pulp, fantasía postapocalíptica, crítica social y estética de peplum con taparrabos.

    La trama nos dice que en un futuro distante (el año 2293), la Tierra está dividida. Por un lado, están los Brutales, una masa empobrecida que vive en tierras baldías dedicada a la agricultura y a la guerra. Por el otro están los Eternos, una élite intelectual que vive en El Vortex, un edén protegido donde han conquistado la muerte, pero a cambio se han vuelto apáticos, estériles y hastiados de la propia existencia.

   El culto de los Brutales gira en torno a Zardoz, una gigantesca cabeza de piedra voladora que les proporciona armas a cambio de grano. El protagonista es Zed (Sean Connery), un exterminador del grupo de los brutales, que logra infiltrarse en el Vortex, desencadenando una crisis existencial y biológica en el utópico mundo de los inmortales.

   Zardoz es una explosión de ideas complejas sobre la inmortalidad, el tedio, la tecnología, el patriarcado y el ciclo de la vida.

   El mayor problema es que la película sufre de una densidad filosófica a veces abrumadora, y es un monumento al cine de autor desatado. Es una obra imperfecta, caótica y visualmente inolvidable que o bien se ama por su absoluta falta de vergüenza y su riqueza temática, o bien se odia por su pretenciosidad bizarra. No hay término medio. Es una rareza imprescindible para entender el momento en que los estudios de Hollywood les dieron carta blanca a los directores para hacer locuras monumentales, que algunas veces salieron bien, y en otras no tanto.

   A pesar de sus vaivenes, la considero de visión obligatoria.    

Yummy/Clínica zombie

 


(Yummy, Lars Damoiseaux, Bélgica, 2019)

    Ambientada íntegramente en una clínica de cirugía estética decadente en Europa del Este, la película es una montaña rusa tan divertida como caótica, cuya principal característica es precisamente su irregularidad tonal.

   La historia sigue a un joven que acompaña a su novia y a su suegra a una clínica clandestina para someterse a una operación de reducción de pechos. Sin embargo, mientras deambula por los pasillos del hospital, descubre accidentalmente que se está llevando a cabo un tratamiento experimental de rejuvenecimiento con células madre. El experimento sale mal, desata una epidemia zombi y convierte el edificio en un matadero flotante de fluidos y vísceras.

   Los efectos prácticos son abundantes, viscosos y exagerados. Hay muertes creativas y secuencias de destrucción corporal que rinden homenaje explícito al cine de Sam Raimi o Peter Jackson.

   La gran debilidad de la película es que no sabe muy bien hacia dónde va. A veces intenta inyectar momentos de tensión o drama familiar que se sienten completamente fuera de lugar en una comedia negra, splatter de este calibre, y con chistes sexuales bastantes grotescos, y los momentos de terror, que son pocos, no están bien logrados. Esos bajones de ritmo atentan contra el producto final.

   Para que el gore funcione en una comedia de terror, a veces necesitas personajes con los que empatizar o al menos disfrutar viendo sufrir. Aquí, muchos de los secundarios caen en el cliché más plano, lo que hace que algunas subtramas se sientan repetitivas y estiren chistes que ya se hicieron y se pierde la gracia.

   Yummy es un pasatiempo salvaje, imperfecto, no es una obra maestra del género ni reinventa la rueda del cine de zombis, pero funciona como una fiesta de Halloween sangrienta para ver con amigos y cero pretensiones. Cero pretensiones.