(The Norliss Tapes, Dan Curtis, 1973)
Pieza
fundamental para cualquier estudioso del horror televisivo de los años 70.
Originalmente concebida como el piloto de una serie que nunca llegó a despegar,
funciona como un largometraje independiente que captura a la perfección esa
atmósfera de misterio paranormal que caracterizó a la época.
La película
utiliza una estructura narrativa muy efectiva: David Norliss, un escritor de
temas ocultos desaparece sin dejar rastro. Lo único que queda de él son una
serie de cintas de audio que narran su investigación sobre un caso reciente que
involucra a una viuda, un escultor y el inquietante resurgir de un muerto con
sed de venganza.
Dan Curtis era
un maestro en convertir decorados televisivos limitados en espacios cargados de
amenaza. La película es sombría, seria y se toma su propia mitología
sobrenatural muy en serio, lo que ayuda a que el espectador también lo haga.
A diferencia de
otras producciones de la época que se refugiaban en castillos, The Norliss
Tapes traslada el horror a un entorno contemporáneo de los años 70. Los
muebles modernos, las grabadoras de cinta y los coches de la época actúan como
un anclaje que hace que lo sobrenatural se sienta más intrusivo y perturbador.
Roy Thinnes aporta
una intensidad contenida y un aire de investigador obsesivo que vende la
premisa. Es fácil creer que este hombre ha visto cosas que romperían la mente
de una persona normal.
Al ser un
producto pensado para la televisión, el ritmo es lento y pausado. No esperen
sobresaltos constantes; es un horror que se cuece a fuego muy lento.
Una joya oculta
del horror televisivo, obligatoria para quienes disfrutan de los misterios
sobrenaturales de corte detectivesco y la estética de los 70.


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