(Fasandræberne, Mikkel Nørgaard, 2014)
Esta producción tiene
la difícil tarea de superar el impacto de la primera, Misericordia. Si bien
esta era un estudio sobre el aislamiento y el trauma individual, Profanación
expande el universo del Departamento Q hacia el territorio del thriller
político y social, demostrando que el frío de Dinamarca esconde demasiados secretos.
La trama nos lleva
a un caso de hace veinte años: el brutal asesinato de dos gemelos en una cabaña
remota. Aunque un hombre confesó y el caso se cerró, el padre de las víctimas
se suicida tras entregarle a Carl Mørck una serie de documentos que apuntan a
que los verdaderos culpables —jóvenes pertenecientes a la élite social danesa
de la época— quedaron impunes.
Mientras que Misericordia
era un rompecabezas más íntimo, Profanación se siente más grande y
ambiciosa. El conflicto entre la justicia y el poder de las clases altas añade
una capa de indignación que hace que el espectador se involucre emocionalmente
mucho más en la investigación.
A diferencia de la primera película, aquí los antagonistas no son locos solitarios, sino depredadores sociales protegidos por el sistema. Esto genera una sensación de impotencia muy efectiva y un tono de thriller de venganza que funciona a la perfección.
La película no
escatima en crudeza. El nivel de violencia es más directo que en la anterior,
lo que puede resultar difícil de digerir para algunos espectadores.
Imprescindible si te gustó la primera; más
oscura, más valiente y mucho más satisfactoria en su resolución.


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