(Dust Bunny, Bryan
Fuller, USA, 2025)
La premisa es simple: una niña de ocho años
cree que un monstruo bajo su cama se comió a su familia. Desesperada, va en
busca de su vecino, un hombre solitario y enigmático, para que la ayude a cazar
a la criatura. Sin embargo, en manos de Fuller, esto se convierte en una odisea
surrealista donde la frontera entre el trauma infantil y lo sobrenatural se
disuelve por completo.
El film prioriza el tono y la textura sobre
la lógica pura de la trama. Es una obra que se siente "fuera de su
tiempo", recuperando esa fascinación por el horror que nace de lo
doméstico y lo psicológico. Aunque a veces puede pecar de ser demasiado
"estética" (rozando lo pretencioso en algunas secuencias), se
agradece el riesgo de ofrecer un horror que no depende de los jump scares
baratos, sino de una inquietud constante. Es, en esencia, un cuento de hadas
oscuro y retorcido para adultos. Un festín visual que rompe con ciertos moldes
del horror comercial. El cierre es tan ambiguo como poético, lo cual puede ser
frustrante para algunos, pero fascinante para quienes disfrutan de las
historias que no brindan las respuestas y dejan la interpretación libre al
espectador.
Se lucen, asimismo, Mads Mikkelsen
interpretando al extraño vecino con una mezcla de melancolía y peligro latente;
su presencia física es, como siempre, impecable, logrando transmitir una
vulnerabilidad poco habitual en su filmografía. La estética, con claras
influencias del cine de David Lynch, transforma lo cotidiano en algo amenazante
y extraño. Finalmente, Sigourney Weaver aporta una autoridad gótica que evoca a
las grandes damas del misterio clásico, pero con un giro moderno y cínico.










