(The Mutations/
The Freakmaker, Jack Cardiff, UK, 1974),
Es una producción que se sitúa en la frontera entre la ciencia ficción
macabra y el drama de explotación más sórdido. La trama sigue al profesor
Nolter (Donald Pleasence), un científico obsesionado con la idea de que la
humanidad puede evolucionar mediante la integración de ADN vegetal. Para llevar
a cabo sus experimentos, el doctor utiliza como sujetos de prueba a jóvenes
estudiantes, a quienes transforma en criaturas aberrantes con la ayuda de los
peculiares integrantes de un circo de fenómenos (freaks).
Si bien la
intención es aterradora, el maquillaje de los hombres-planta (con esas verrugas
y texturas de látex) hoy en día resulta un tanto cómico. Se nota el esfuerzo,
pero el resultado final roza lo risible en lugar de lo terrorífico.
La película
dedica mucho tiempo a las dinámicas internas del circo, y la relación que
mantienen los jóvenes estudiantes, y que a veces, se sienten desconectadas del
horror central. Es un filme que tarda en arrancar y que requiere paciencia por
parte del espectador.
Es una obra que se disfruta principalmente por su
atmósfera y por el elenco: Pleasence brilla en su papel y Tom Baker pone el
cuerpo de muy buena manera a la siniestra figura de Lynch. Sin embargo, la
historia resulta bastante convencional y está poco lograda.
Un visionado
obligado para seguidores del cine B, los freaks, y de la scream queen Julie
Ege.













