lunes, 2 de febrero de 2026

Venus in Furs

 (Venus in Furs/Paroxismus, Jess Franco, Ita, Alem, 1969)


   Alejada de la crudeza de sus trabajos posteriores, esta película es un poema visual onírico, cargado de erotismo sofisticado y una atmósfera psicodélica inigualable.

   Inspirada muy libremente en la famosa novela de Leopold von Sacher-Masoch, esta versión no es una adaptación literaria, sino una fantasía surrealista que utiliza la música y la imagen para narrar una historia de obsesión que trasciende la muerte.

   Jimmy Logan (James Darren), un talentoso músico de jazz estadounidense que vive en Estambul, encuentra el cuerpo sin vida de una hermosa mujer (Maria Rohm) en una playa, con signos de haber sido torturada. Tiempo después, en una fiesta de la alta sociedad, Jimmy queda estupefacto al ver a la misma mujer, viva y radiante, presentándose como Wanda.

A partir de ese momento, Wanda se convierte en una especie de ángel vengador o súcubo que arrastra a Jimmy a un torbellino de deseo, mientras ella busca sistemáticamente a las personas que la ultrajaron (un grupo de aristócratas decadentes liderados por un inquietante Klaus Kinski) para llevarlos a su perdición.

   Es imposible hablar de esta película sin su banda sonora. Es una mezcla de jazz psicodélico y pop lounge que no solo acompaña, sino que dicta el ritmo de la película. Es tan icónica que a veces la música parece ser el verdadero protagonista.

   Venus in Furs es una experiencia hipnótica. Si buscas una trama lineal y lógica, probablemente te sientas perdido o frustrado. Es una película que se debe "sentir" más que entender. Es un ejercicio de estilo puro donde el erotismo no es gratuito, sino que forma parte de una atmósfera de decadencia y muerte. Es elegante, oscura y profundamente melancólica. Aunque el ritmo puede ser lento para los estándares actuales, la belleza de sus imágenes y la potencia de su música logran mantener un estado de fascinación constante.

   Una de las mejores puertas de entrada al universo de Jess Franco. Es erotismo gótico, psicodelia y jazz fundidos en una pesadilla de clase alta.

 



El planeta salvaje


(La Planète sauvage, René Laloux, Francia, 1973)



   Más que una película de animación; es una experiencia surrealista, filosófica y visualmente hipnótica que marcó un hito en el cine de ciencia ficción europeo. Basada en la estética del ilustrador Roland Topor, es una obra que se ha convertido en un clásico de culto.

   Ganadora del Gran Premio del Jurado en Cannes, "El planeta salvaje" es una fábula distópica que utiliza la animación para explorar temas complejos como el racismo, la opresión y el derecho a la existencia.

   En el lejano planeta Yagam, viven los Draags, unos gigantes azules con ojos rojos y orejas de pez que poseen una tecnología y espiritualidad sumamente avanzadas. En este mundo, los humanos (llamados Oms) son considerados animales salvajes o, en el mejor de los casos, mascotas domésticas de los niños Draag.

   La trama sigue a Terr, un Om que es adoptado por una joven Draag. Gracias a un dispositivo de aprendizaje electrónico de su dueña, Terr adquiere conocimientos científicos y filosóficos que los Draags creían que los humanos no podían procesar. Tras escapar, Terr utiliza este conocimiento para organizar una resistencia y luchar por la libertad de su especie.

Lo que la hace una obra maestra:

    La historia invita a la reflexión sobre cómo tratamos a los animales y cómo las estructuras de poder utilizan la supuesta "superioridad intelectual" para justificar la tiranía. Es un comentario crudo sobre la deshumanización.

   Aunque su ritmo es pausado, cada cuadro está lleno de detalles que expanden el universo de la historia.

   Es fascinante ver cómo el conocimiento se convierte en la herramienta definitiva de liberación. En un mundo de gigantes, la única forma de que los pequeños sobrevivan es a través de la educación y la unidad. Es una pieza imprescindible para cualquier amante del cine que busque algo que desafíe su percepción visual y su conciencia social.

   Una joya de la animación experimental. Extraña, hermosa y profundamente provocadora.


martes, 27 de enero de 2026

Sexy Cat

(Sexy Cat, Julio Pérez Tabernero, España, 1973)


  Es una de esas rarezas fascinantes del cine de género español (y coproducción italiana) de los años 70. Por un lado, intenta ser un giallo clásico con su asesino misterioso y sus giros de guion; por otro, abraza la estética del cómic y el cine de explotación de superhéroes (o supervillanos) como Diabolik o Kriminal. El resultado es una obra colorida, algo caótica, pero con un encanto retro innegable.

   La historia gira en torno a un detective que investiga una serie de brutales asesinatos que parecen imitar las hazañas de un personaje de cómic llamado Sexy Cat. El creador del cómic se convierte en el principal sospechoso, pero la línea entre el autor y su creación empieza a borrarse. Aparece una mujer que guarda un parecido asombroso con la heroína de las viñetas, y pronto la trama se complica con chantajes, identidades ocultas y un asesino que acecha desde las sombras.

   Lo mejor de la película es su apartado visual. La influencia del cómic es evidente en los encuadres, los colores saturados y el diseño del personaje de Sexy Cat (con su traje ajustado y máscara). Es una cápsula del tiempo del diseño de principios de los 70, producción difícil de encontrar y poco mencionada, la convierte en una pieza de culto para los seguidores del cine de terror europeo y del Spanish Fantaterror.

  Se destaca además por reunir a algunas de las figuras más emblemáticas del cine de género de la época:

Germán Cobos, actor español con una presencia física imponente, interpreta a Arthur, el protagonista que se ve envuelto en la red de asesinatos. Cobos aporta la sobriedad necesaria para equilibrar los elementos más extravagantes y "camp" de la película. Su capacidad para navegar entre el cine serio y el de consumo rápido lo convirtió en el ancla perfecta para este relato.

Lone Fleming, una de las grandes musas del fantaterror (famosa por La noche del terror ciego). Su presencia aquí es magnética; Lone siempre tuvo esa habilidad especial para proyectar una mezcla de vulnerabilidad y misterio que encaja perfectamente en la atmósfera de un giallo.

  Una rareza visualmente atractiva, imprescindible para todos los cinéfilos del mundo.



Hysteria!

(Matthew Scott Kane, David A. Goodman, 2024) 
Dirección: Jordan Vogt-Roberts 
Género: Terror, comedia negra, drama adolescente. Episodios: 8



   Hysteria! es una miniserie de comedia negra y terror que nos transporta directamente al corazón del Pánico Satánico que asoló Estados Unidos en la década de 1980. La serie, creada por Matthew Scott Donnelly y Jonathan Cohen, utiliza este fenómeno cultural real como telón de fondo para una historia ingeniosa sobre heavy metal, histeria colectiva y la búsqueda de fama.

  La historia se sitúa en 1989 y sigue a un grupo de jóvenes músicos de heavy metal en los suburbios de Mississippi, quienes son marginados y percibidos como una amenaza por la comunidad conservadora. Cuando un joven es encontrado muerto en el bosque, los rumores comienzan a volar: ¿fue un suicidio? ¿Un accidente? ¿O fue un sacrificio satánico orquestado por la banda de metal?

   La histeria se apodera de la ciudad gracias a la cobertura sensacionalista de los medios y a la creciente paranoia de los adultos. La serie explora cómo la banda, inicialmente inocente, decide capitalizar el miedo que generan, viéndose envuelta en una espiral de atención, fama y un posible peligro real que no pueden controlar.

   La serie capta brillantemente la estética de los años 80: el glam/rock, metal, hasta la ropa chillona y la obsesión por los casetes. La banda sonora es un punto fuerte, inyectando energía a la narrativa.

   Funciona mejor como una sátira cultural que como terror puro. La verdadera amenaza aquí no son los demonios con cuernos, sino el poder destructivo de las fake news y el prejuicio.

   Aunque la trama puede sentirse un poco estirada y el misterio central a veces se ve eclipsado por la comedia, la serie logra su objetivo de ser un viaje nostálgico y una crítica aguda. Es un recordatorio de que a veces, lo más aterrador no está en la música, sino en cómo reacciona la sociedad ante aquello que no comprende.

   Una cita obligada para los amantes del heavy metal y las críticas al pánico moral de la cultura pop. Por si fuera poco, el carisma de Bruce Campbell eleva la historia por completo.


martes, 23 de diciembre de 2025

viernes, 12 de diciembre de 2025