(Kvinden i
buret, Mikkel Nørgaad, 2013)
La historia presenta a Carl Mørck, un detective brillante
pero profundamente cínico y difícil, que, tras un operativo fallido que deja a
su compañero paralítico, es relegado a un sótano oscuro: el Departamento Q. Su
tarea es archivar casos sin resolver. Sin embargo, su instinto (y la
insistencia de su peculiar ayudante, el enigmático Assad) lo lleva a reabrir el
caso de Merete Lynggaard, una política desaparecida cinco años atrás.
Este es el punto
de partida de la saga de thrillers nórdicos más exitosa de la última
década. Basada en la novela de Jussi Adler-Olsen, la película logra lo que
pocos policiacos consiguen: trasladar la atmósfera fría, gris y opresiva
de la literatura escandinava a la pantalla sin perder un ápice de su amargura.
Se destacan la química
entre Nikolaj Lie Kaas (el hosco Mørck) y Fares Fares (el optimista y perspicaz
Assad) que es el motor de la saga. El contraste entre el retraimiento de uno y
la paciencia casi estoica del otro evita que la película caiga en el cliché del
detective solitario.
La cinta alterna
constantemente entre la investigación presente y el calvario de la víctima en
el pasado. Esto mantiene una tensión constante que no decae, obligándonos a ver
cómo el tiempo, lejos de curar, pudre la esperanza.
Misericordia es un thriller
sólido, serio y sin concesiones. No busca el artificio ni la acción gratuita;
se basa en la atmósfera y en la lenta pero implacable revelación de secretos
guardados durante años. Es una entrada perfecta para quienes buscan un misterio
que se sienta real, crudo y con un tono de tristeza bastante marcado.

