jueves, 12 de marzo de 2026

Cuando el destino nos alcance

 



(Soylent Green, Richard Fleischer,1973).

   Esta una de las distopías más asfixiantes y proféticas de la historia del cine. Aunque se ambientaba en un entonces lejano 2022, verla hoy resulta escalofriante por lo acertado de su atmósfera de colapso ambiental y social.

   Basada libremente en la novela ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! de Harry Harrison, la película es una mezcla magistral de cine negro policial y ciencia ficción sociológica. Es una obra que no solo busca entretener, sino lanzar una advertencia desesperada sobre el rumbo de la humanidad.

   Nueva York, año 2022. La ciudad tiene 40 millones de habitantes. El calor es constante debido al efecto invernadero, el agua está racionada y la comida real es un lujo que solo el 1% puede pagar. El resto de la población sobrevive a base de raciones de Soylent, un alimento procesado por una corporación todopoderosa.

   Robert Thorn (Charlton Heston), un detective de policía cínico y endurecido investiga el asesinato de un ejecutivo de la corporación Soylent. Lo que parece un robo rutinario lo lleva a descubrir una verdad conspiranoica que cambiará su percepción de la supervivencia humana.

 

Lo que la hace una Obra Maestra:

  • El Dúo Protagonista: Si bien Charlton Heston cumple perfectamente como el rudo detective Thorn, el alma de la película es Edward G. Robinson como Sol Roth, el "Libro" (un investigador que recuerda cómo era el mundo antes del desastre). Esta fue la última película de Robinson; el actor murió poco después del rodaje, lo que añade una carga emocional devastadora a sus escenas.
  • La Escena de la "Eutanasia": Es, posiblemente, una de las secuencias más hermosas y tristes de la ciencia ficción. Ver a Sol despedirse del mundo mientras observa imágenes de una naturaleza que ya no existe, acompañada por música clásica, es un momento de una potencia lírica insuperable.
  • El Retrato de la Desigualdad: La película es brutal al mostrar cómo la élite vive con aire acondicionado y chuletas de carne, mientras que a la gente pobre se la retira de las calles con excavadoras (las famosas "palas") como si fueran basura.
  • El Final Icónico: Pocas frases han pasado tanto a la cultura popular como el grito final de Heston. Es un cierre que no ofrece consuelo, solo un horror absoluto sobre el ciclo de consumo humano.

    A diferencia de las distopías modernas llenas de efectos visuales limpios, aquí todo se siente sucio, sudoroso y claustrofóbico. La falta de recursos no se cuenta, se palpa en cada encuadre.

   Un clásico oscuro y pesimista que todo el mundo debería ver al menos una vez. Es cine con mensaje, pero con el puñetazo directo al estómago que solo el cine de los 70 sabía dar.





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