(Brainscan, John Flynn, 1994)
La historia sigue
a Michael (Edward Furlong), un adolescente solitario, fanático del terror y los
videojuegos, que prueba un nuevo juego interactivo llamado
"Brainscan". El juego promete una experiencia de realidad virtual
inmersiva y terrorífica, pero el problema comienza cuando los crímenes que
Michael comete dentro del juego empiezan a suceder en la vida real.
Brainscan es una película
que solo un amante del cine de los 90 podría amar. No es una obra maestra del
suspenso, ni del terror, y sus efectos de realidad virtual no han resistido el
paso del tiempo, pero tiene un encanto nostálgico innegable. Es una crítica (a
veces inconsciente) sobre cómo la tecnología empezaba a aislar a los jóvenes,
envuelta en un envoltorio de cine de terror de videoclub.
El film, que
duda entre ser comedia, terror tecnológico o thriller adolescente, es ruidosa, un
poco tonta, pero disfrutable si se ve con la actitud correcta: la de alguien
que quiere recordar cuando los videojuegos eran algo peligroso y desconocido.
El villano de la
película, una creación digital que cobra vida para atormentar a Michael, es una
mezcla descarada entre Freddy Krueger y un presentador de MTV. Es un personaje
exagerado, sarcástico y mordaz, puede resultar a veces irritante.
Una curiosidad
para ver sin muchas pretensiones.


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