miércoles, 13 de mayo de 2026

Orloff y el hombre invisible

 


(La vie amoureuse de l'homme invisible, 1970, Pierre Chevalier, Esp/Fra)

   Un nuevo médico llega a un pueblo europeo, en la que abunda el miedo y la superstición. Allí un muchacho le dice que necesitan de sus servicios en el castillo del doctor Orloff. Como ocurre en este tipo de producciones, nadie quiere llevarlo, hasta que el ofrecimiento de mucho dinero le hace cambiar de opinión a uno de los lugareños.
   Sin realizar muchos spoilers, el medico llegará al castillo, donde la hija del doctor, que siente temor por los experimentos que realiza su padre es la que lo ha llamado, para que alguna manera, este lo detenga.
   Como es de esperar, hay otras subtramas no muy logradas, al igual que la historia principal, muy descabellada y sin el apoyo científico mínimo que pueda darle algún tipo de sustento a la propuesta del film.
   Con respecto a la realización, el ritmo es demasiado lento, las escenas son muy alargadas, seguramente para llegar a los 76 minutos que se hacen eternos, con una historia que no justifica esa duración.
    Producción muy pobre, solamente trata de aprovechar el nombre de Orloff (personaje muy utilizado en este tipo de cine B europeo), y los desnudos de las protagonistas.
    Sin dudas, este es otro film, que hoy en día no podría hacerse, cuestionable en la idea principal, y que en su titulo original nos revela sin tapujos a donde apunta: La vida amorosa del hombre invisible.     
    Ver el final, donde la resolución del misterio no puede dejar a nadie indiferente. Qué locos esos años 70s…


jueves, 23 de abril de 2026

Lindas y Letales

 


(Pretty Lethal, Vicky Jewson, 2026)

   Producida por el sello 87North (responsables de John Wick y Nadie), la película intenta fusionar la elegancia técnica del ballet con la brutalidad visceral de un thriller de supervivencia. La premisa es sencilla: un grupo de cinco bailarinas de Los Ángeles queda varado en los bosques de Hungría; lo que comienza como una parada técnica se convierte en una carnicería cuando una organización criminal las toma como rehenes.

   De ahí en más, la narrativa se diluye. Las escenas de acción, aunque espectaculares, pecan de un exceso de estilización y villanos genéricos que restan peso emocional. Los sicarios húngaros no son amenazas reales, sino meros muñecos de entrenamiento para que las protagonistas luzcan sus habilidades. Además, el filme sufre de un ritmo desigual: el primer acto se pierde en establecer rencillas internas y diálogos sobre rivalidad social que resultan acartonados frente a la urgencia de la trama.

 

Lo que la sostiene:

  • Maddie Ziegler: Es el motor físico del filme. Su capacidad para transformar la fluidez de la danza en movimientos de combate letales es asombrosa; no solo "baila" las peleas, las siente con una rabia contenida que opaca al resto del elenco.
  • Uma Thurman: Como Devora, la jefa criminal y ex-bailarina, es un deleite absoluto. Su elegancia gélida y un acento europeo muy trabajado le otorgan al film una jerarquía que el guion por sí solo no alcanza.

 

   Pretty Lethal acaba siendo un híbrido interesante pero limitado. No posee la profundidad dramática de Cisne Negro ni la perfección técnica revolucionaria de John Wick, pero logra habitar un espacio propio gracias a su potente estética visual. Es una película que, en última instancia, brilla cuando deja de hablar y empieza a golpear. Un ejercicio de estilo que cumple como entretenimiento pasajero, pero que se queda corto al intentar dotar de alma a sus personajes.

   Aceptable. Ideal para quienes buscan un festín visual de coreografías imposibles y no esperan una historia que cambie sus vidas.


Blacula

 


(Blacula, William Crain, 1971)

   Curiosa blaxplotation que adapta la novela de Stoker a los años 70`s.

    En 1780, el príncipe africano Mamuwalde (William Marshall) viaja a Transilvania para pedirle al Conde Drácula que le ayude a detener el comercio de esclavos. El Conde, en un acto de racismo y sadismo puro, lo maldice con el vampirismo, lo encierra en un ataúd y lo condena a una sed eterna.

   Doscientos años después, en 1972, dos decoradores de interiores de Los Ángeles compran el contenido del castillo de Drácula y, sin saberlo, liberan a Mamuwalde en un mundo de peinados afro, música funk y clubes nocturnos. Allí, el príncipe cree encontrar en una mujer llamada Tina la reencarnación de su esposa perdida, iniciando una búsqueda de amor y sangre.

Los Puntos Clave:

  • William Marshall, el Alma de la Película: Marshall era un actor de formación clásica y se nota. Su presencia es imponente, su voz es profunda y le otorga a Mamuwalde una dignidad aristocrática y un dolor real. No es un monstruo que mata por maldad, sino un hombre atrapado en una maldición que odia.
  • Banda Sonora de Puro Soul: La música es uno de los pilares de la cinta. Con temas de The Hues Corporation y una partitura de Gene Page, la película se siente vibrante y auténtica.  
  • Subtexto Social: A diferencia de otros vampiros, el origen de Blacula está ligado directamente al horror de la esclavitud. Su monstruosidad es impuesta por un opresor europeo, lo que añade una capa de lectura política que eleva la película por encima del simple cine de género.

 

   Blacula es una película de contrastes marcados. Por un lado, arrastra los defectos inevitables de una producción de bajo presupuesto de principios de los 70: efectos especiales modestos, actuaciones secundarias que no siempre dan la talla y un ritmo que, por momentos, se siente desigual.

   Sin embargo, lo más cuestionable es la nula transición en el arco de los personajes y ciertas situaciones que resultan inverosímiles incluso dentro del cine fantástico. Llama la atención que Mamuwalde, tras despertar en un país extraño y varios siglos después de su tiempo, parezca no asombrarse ante nada. Se comunica con total normalidad y se integra al entorno de 1972 sin el más mínimo atisbo de choque cultural, un atajo narrativo que le resta realismo a su condición de "hombre fuera de su tiempo".

   Todo lo anterior se compensa con la excelente química de la pareja protagonista y una ambientación urbana impecable. La película brilla cuando captura la esencia de las calles y los bares de Los Ángeles de la época, dotando a la cinta de una identidad visual y sonora única.

   Más que una película de terror —género que nunca termina de abrazar por completo—, estamos ante una historia de amor trágica disfrazada de cine de monstruos.

   El final es especialmente potente. Logra alejarse de los caminos trillados de este tipo de relatos, ofreciendo una resolución que tiene más de dignidad y sacrificio que de simple derrota del villano.

 Sin dudas es una pieza fundamental del cine de terror setentero que merece ser revisada sin prejuicios. Visualmente icónica.


martes, 7 de abril de 2026

El tren del terror


El tren del terror
(Terror Train, Roger Spottiswoode, 1980)



Un simple slasher de la era dorada, sin mucho vuelo, que apenas se destaca por contar con la presencia de la "Scream Queen", Jamie Lee Curtis.

     La película toma la fórmula clásica de "venganza por una broma pesada" (muy común tras el éxito de Prom Night) y la traslada a un escenario único: un tren en movimiento durante una fiesta de Nochevieja.

     Tres años después de que una cruel broma de iniciación dejara a un estudiante de medicina traumatizado, los responsables de aquel acto celebran su graduación en un tren privado alquilado para una fiesta de disfraces. Lo que no saben es que un asesino se ha colado a bordo. La peculiaridad del criminal es su modus operandi: mata a un invitado y le roba el disfraz, lo que le permite esconderse a plena vista entre los estudiantes mientras los elimina uno a uno.

   Llama la atención de la presencia de David Copperfield, sí, el famoso mago aparece interpretando a un... mago. Sus trucos añaden un toque surrealista y bastante relleno a la narrativa.

   No es tan sangrienta como Viernes 13, ni tan revolucionaria como Halloween, el giro final no es tan inquietante y lo que la diferencia de otras producciones es su atmósfera invernal/ferroviaria.

   El principal problema es que, pese a lo claustrofóbico que puede resultar el viaje, la película no logra generar un suspenso real y las boberías de algunos personajes hace que el espectador pierda interés en la trama. Estrictamente una más…   


El Susurro...

 Y ahora que volvió a estar de moda "el lado oscuro de la luna"....







jueves, 12 de marzo de 2026

Cuando el destino nos alcance

 



(Soylent Green, Richard Fleischer,1973).

   Esta una de las distopías más asfixiantes y proféticas de la historia del cine. Aunque se ambientaba en un entonces lejano 2022, verla hoy resulta escalofriante por lo acertado de su atmósfera de colapso ambiental y social.

   Basada libremente en la novela ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio! de Harry Harrison, la película es una mezcla magistral de cine negro policial y ciencia ficción sociológica. Es una obra que no solo busca entretener, sino lanzar una advertencia desesperada sobre el rumbo de la humanidad.

   Nueva York, año 2022. La ciudad tiene 40 millones de habitantes. El calor es constante debido al efecto invernadero, el agua está racionada y la comida real es un lujo que solo el 1% puede pagar. El resto de la población sobrevive a base de raciones de Soylent, un alimento procesado por una corporación todopoderosa.

   Robert Thorn (Charlton Heston), un detective de policía cínico y endurecido investiga el asesinato de un ejecutivo de la corporación Soylent. Lo que parece un robo rutinario lo lleva a descubrir una verdad conspiranoica que cambiará su percepción de la supervivencia humana.

 

Lo que la hace una Obra Maestra:

  • El Dúo Protagonista: Si bien Charlton Heston cumple perfectamente como el rudo detective Thorn, el alma de la película es Edward G. Robinson como Sol Roth, el "Libro" (un investigador que recuerda cómo era el mundo antes del desastre). Esta fue la última película de Robinson; el actor murió poco después del rodaje, lo que añade una carga emocional devastadora a sus escenas.
  • La Escena de la "Eutanasia": Es, posiblemente, una de las secuencias más hermosas y tristes de la ciencia ficción. Ver a Sol despedirse del mundo mientras observa imágenes de una naturaleza que ya no existe, acompañada por música clásica, es un momento de una potencia lírica insuperable.
  • El Retrato de la Desigualdad: La película es brutal al mostrar cómo la élite vive con aire acondicionado y chuletas de carne, mientras que a la gente pobre se la retira de las calles con excavadoras (las famosas "palas") como si fueran basura.
  • El Final Icónico: Pocas frases han pasado tanto a la cultura popular como el grito final de Heston. Es un cierre que no ofrece consuelo, solo un horror absoluto sobre el ciclo de consumo humano.

    A diferencia de las distopías modernas llenas de efectos visuales limpios, aquí todo se siente sucio, sudoroso y claustrofóbico. La falta de recursos no se cuenta, se palpa en cada encuadre.

   Un clásico oscuro y pesimista que todo el mundo debería ver al menos una vez. Es cine con mensaje, pero con el puñetazo directo al estómago que solo el cine de los 70 sabía dar.





El amor tiene forma de sombra

 




No fue un beso lo que la cambió.

Fue la noche.

Una noche tan honda que devoraba los sonidos, las luces, las plegarias.

 

Ella lo vio entre las sombras:

un rostro pálido, unos ojos como espejos sin fondo.

No sintió miedo —sólo reconocimiento.

Era como mirarse en un reflejo anterior al tiempo.

 

Cuando él la tocó, la sangre se volvió música.

El corazón, un tambor lento que ya no quería detenerse.

Ella cerró los ojos y entendió:

no era su víctima, era su elegida.

 

Desde entonces camina por las calles desiertas,

con la piel fría, los labios teñidos de luna,

y el deseo ardiendo bajo el silencio.

 

Ama la oscuridad porque es lo único que no la traiciona.

Ama la oscuridad porque allí él aún la espera.

Y cuando la noche la envuelve por completo,

siente su aliento en el cuello,

su nombre pronunciado con un hambre sagrada.

 

Entonces sonríe.

Porque el amor, para ella,

siempre tuvo forma de sombra.


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