viernes, 4 de septiembre de 2026

La llamada del violín

 


Bajo el azote inclemente de la tormenta, la muchacha alzó su violín con una calma inusitada y caminó hacia el borde mismo de la costa. A sus pies, el mar bramaba con una furia oscura, golpeando los acantilados como una bestia ciega e intimidante.

   Se detuvo, con la mirada perdida en un horizonte donde el cielo y el agua se fundían en una sola negra espesura. El viento sacudía sus cabellos con rabia, sin importarle, comenzó a desgranar una melodía antiquísima, un canto lúgubre y cortante que parecía rasgar el mismo tejido del aire.

   No era música para apaciguar la noche. Era una llamada ancestral, la bienvenida precisa para aquellos que habían dormido demasiado tiempo en el fondo insondable del abismo... y cuyos ojos, por fin, comenzaban a abrirse en la oscuridad.


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