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martes, 11 de agosto de 2026

La Carne del Abismo

 


El ídolo de obsidiana palpitaba en la penumbra del sótano. No era piedra, sino carne comprimida por eones de abismo. Al rozar su superficie, mis dedos se fundieron con la negrura viscosa. Ya no distinguía dónde terminaba mi piel y dónde comenzaba la blasfemia. Escuché el llamado de los antiguos, un susurro que devoró mi cordura mientras el mundo se desmoronaba.


martes, 30 de septiembre de 2025

¿Sea Monkey? Descubriendo al Protagonista Oculto

La otra tarde, en una conversación con varias personas, me di cuenta de algo sorprendente: muchos no sabían qué es un "Sea Monkey", a pesar de ser el personaje central de mi último libro.

Este pequeño vacío de conocimiento me impulsó a hacer esta breve introducción. Si el término te resulta ajeno o solo te suena vagamente a publicidad de los 70, te invito a conocer a esta fascinante criatura.

Antes de sumergirte en mi historia, es justo saber quién es realmente este "Mono Marino" que ha capturado mi imaginación (y la de una generación). Es hora de presentar a este ser diminuto que tiene una historia tan grande...



¿Qué es realmente un "Sea Monkey"?

Para muchos de nosotros, los Sea Monkeys son más que un simple crustáceo; son una cápsula del tiempo, un recuerdo encapsulado de la infancia. Estas pequeñas criaturas son, científicamente hablando, artemias salinas, diminutos crustáceos que nacen de huevos secos. El truco, la magia que nos fascinaba, era su resurrección: solo necesitaban el contacto con agua salada para eclosionar y cobrar vida. Se comercializaron como la "mascota instantánea" bajo el pegadizo nombre de "Sea Monkeys" (Monos Marinos).

Recordemos esa propaganda, el anzuelo que picamos con tanta ilusión:

«Sólo añade agua y deja que la diversión surja. Las únicas mascotas vivientes que tú crías. Los «Sea Monkeys» ya están aquí y no sabemos qué hacer con ellos. Graciosos, divertidos, con colas de monos, verdaderos acróbatas acuáticos, juguetones hasta el cansancio y fáciles de criar».

Esa promesa, esa imagen de un acuario lleno de seres casi humanos, acrobáticos y juguetones, desató un auténtico furor a finales de los años 70 (y en décadas posteriores). Pocos pudimos resistir la tentación.

 

La desilusión agridulce

El fenómeno, impulsado por una campaña publicitaria brillante y un poco desmedida, fue tan impactante como efímero. La realidad del "Sea Monkey" –pequeños puntos moviéndose en un tanque– rara vez estaba a la altura de la imagen caricaturesca y gloriosa que nos habían vendido.

Fue tal la llegada que tuvo el producto a nuestros hogares que, hoy en día, para muchos de quienes superamos ya la barrera de los 30, los Sea Monkeys han quedado grabados como uno de esos primeros y grandes engaños del consumo infantil. Una lección temprana sobre las promesas de la publicidad.

A pesar de la desilusión de la niñez, la artemia salina sigue vendiéndose en todo el mundo con su nombre icónico. Se ha transformado en una alternativa curiosa para aquellos que viven en las grandes ciudades, ofreciendo un pequeño atisbo de vida acuática donde las mascotas tradicionales son inviables. Y para nosotros, siempre serán ese pequeño misterio que, por unos días, nos hizo sentir como dioses de la creación en miniatura.





viernes, 3 de octubre de 2014

Godzilla

(Godzilla, Gareth Edwards, 2014)


   Lo primero que tengo para decir es que este film es una gran desilusión, ¿Cómo se puede llamar Godzilla una película en la que el monstruo/criatura protagonista aparece tan poco en escena? Cuando es prácticamente un actor de reparto en una trama tan irregular como confusa. Apenas un hilo conductor tiene el film: la Tierra corre peligro y existe la posibilidad de que Godzilla pueda salvarnos, pero sin grandes explicaciones. Al menos hubieran puesto alguna que otra escena de los viejos films mostrando el accionar de Gozdilla, y no la simple corazonada del científico japonés…
   El resto del metraje nos trae un héroe muy pobre en su accionar, su padre obsesionado con encontrar la verdad (que no aporta mucho) y algunas escenas aéreas de las ciudades cargadas de bruma o melancolía.
   Es entendible que este producto haya querido alejarse del barullo y de la destrucción gratuita que nos muestra la saga de Transformers, pero que las peleas de Godzilla y sus rivales se muestren en breves segundos a través de los LCD en escena, ya es demasiado. Sólo al final vemos algo más, y en este punto añoro las viejas películas cuando dos actores en traje goma, rodaban por arriba de las maquetas de cartón que fingían ser edificios.    

   He dicho.