(The Evil, Gus Trikonis, 1978)
Esta película es
un ejemplo clásico del cine de "casas embrujadas" con tintes
sobrenaturales de finales de los 70. La trama es simple: un psicólogo convence
a su esposa para que le acompañe a restaurar una casona antigua y en ruinas que
él quiere convertir en un centro de rehabilitación para jóvenes. El problema
surge cuando descubren que la casa no solo tiene historia, sino que es la
puerta física al infierno.
A diferencia de películas
más refinadas de casas encantadas, The Evil es sucia y claustrofóbica.
El diseño de la casa es laberíntico, y la película juega muy bien con la idea
de que los personajes están atrapados no solo físicamente, sino
espiritualmente.
Si bien es de
1978 y tiene sus limitaciones, hay algunos momentos de horror corporal y trucos
visuales que funcionan sorprendentemente bien para la época, especialmente en
lo relativo a la transformación del entorno.
El clímax es
pura psicodelia de los 70. Para algunos, es un final memorable y creativo; para
otros, es un caos visual que no termina de cerrar todas las tramas que abrió.
No es una obra maestra del género, pero es disfrutable
como pieza de serie B de lujo. Tiene una personalidad propia muy marcada: es
oscura, tiene un reparto excelente para su nivel de producción y una premisa
que, aunque sencilla, se ejecuta con una convicción que pocas películas de su
estilo logran hoy en día.


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